
Cuando leí el libro de Tabaré, no pude más que emocionarme. Una cosa había sucedido. El ideal estético, tanto vanguardista como contemporáneo, en pro de la poesía estaba resurgiendo. Los críticos actuales de la literatura dicen que “la literatura es el arte que recurre a las lenguas y en ellas ya lleva una carencia. La palabra, dicen unos, jamás podrá decir lo deseado, y el arte actual contemporáneo busca presentar la realidad al contrario de la vanguardia que busca la representación de la realidad. La poesía por ende, como todas las artes, progresa. Pero la verdadera cuestión es ¿realmente la poesía progresa? La salvación de la palabra está en saber que ésta abstrae de la realidad. Por lo tanto, la palabra es otra meta más de las artes y, en este sentido, la poesía progresa.
Hace unos días tuve una entrevista donde un reportero insistía en que de no desmitificarse la lengua, se caería en blablarismos. Considero que el arte actual da para mucho más. Con esto quiero decir que desmitificar significa crear. ¡Crear y destruir! Y dentro de este evidente surrealismo hijo de la vanguardia y llevado a su máximo en el mundo contemporáneo, hallamos ese fenómeno lúdico juego de realidades con el mismo arte. Ésta, también es una manera de callar, de protestar contra x o z situación. Entonces hablamos de una estética del silencio y decimos que frente al enigma del silencio del otro, yo me defiendo por mí y por él. El lenguaje entonces es también una manera de no decir. Como también se tiene el derecho a decir, se tiene el derecho a no decir. Paisaje Obiícuo es, desde el título melosigábalos en el cuarto sin techo, un no decir. Tabaré Arroyo puede darse el lujo, y puede, de desdecir el mundo, imaginarlo, decirlo, desdecirlo, crearlo y decirlo de otra manera. Algunos preguntan: ¿esto es poesía? ¿poesía cuadriculada? ¿poesía que se deba leer de otra manera? Yo les respondo: ¿y los cuadros blancos de Malevich? ¿y el arte objeto de Duchamp? ¿y la eterna huída de Van Gogh? ¿eso no es arte? Suzanne Sonda dijo algo bien cierto: “El arte expresa un doble descubrir. Nos faltan las palabras y las tenemos en exceso. El arte plantea dos opresiones al lenguaje. Las palabras son demasiado burdas y además están demasiado ajetreadas. Invitan a una hiperactividad de la conciencia que no sólo es antifuncional sino que sofoca la mente y embota los sentidos.”
Es verdad pues, que las palabras no sirven para expresar esto o lo otro con exactitud, y nos limitan en mucho, pero tenemos que tomar en cuenta que la palabra es una abstracción de la realidad. Tomada en este sentido, la obra de arte llega a ser mucho más grande. Por lo tanto, el juego de palabras que hace Tabaré en este caso y que se puede hacer con las palabras ya con toda la abstracción que tienen dentro de sí, dará, especialmente a la poesía, vuelcos inimaginables que constituirán el progreso de esta rama de la literatura por decaer, dicen algunos críticos. Tabaré Arroyo no sólo trabaja un excelente contenido sino que trabaja una extraordinaria forma poética. De este modo, su trabajo Paisaje Oblicuo –melosigábalos en el cuarto sin techo- es y lo digo muy convencida un fabuloso y excelente trabajo. Capaz de hacernos girar, aunque sentados, y de esto se trata el arte. De esto se trata la poesía.
Anel Nochebuena
Puebla, México
25-Abr-02
Tenamaxtli (1999)
Chipahuac (1999)
Hace unos días tuve una entrevista donde un reportero insistía en que de no desmitificarse la lengua, se caería en blablarismos. Considero que el arte actual da para mucho más. Con esto quiero decir que desmitificar significa crear. ¡Crear y destruir! Y dentro de este evidente surrealismo hijo de la vanguardia y llevado a su máximo en el mundo contemporáneo, hallamos ese fenómeno lúdico juego de realidades con el mismo arte. Ésta, también es una manera de callar, de protestar contra x o z situación. Entonces hablamos de una estética del silencio y decimos que frente al enigma del silencio del otro, yo me defiendo por mí y por él. El lenguaje entonces es también una manera de no decir. Como también se tiene el derecho a decir, se tiene el derecho a no decir. Paisaje Obiícuo es, desde el título melosigábalos en el cuarto sin techo, un no decir. Tabaré Arroyo puede darse el lujo, y puede, de desdecir el mundo, imaginarlo, decirlo, desdecirlo, crearlo y decirlo de otra manera. Algunos preguntan: ¿esto es poesía? ¿poesía cuadriculada? ¿poesía que se deba leer de otra manera? Yo les respondo: ¿y los cuadros blancos de Malevich? ¿y el arte objeto de Duchamp? ¿y la eterna huída de Van Gogh? ¿eso no es arte? Suzanne Sonda dijo algo bien cierto: “El arte expresa un doble descubrir. Nos faltan las palabras y las tenemos en exceso. El arte plantea dos opresiones al lenguaje. Las palabras son demasiado burdas y además están demasiado ajetreadas. Invitan a una hiperactividad de la conciencia que no sólo es antifuncional sino que sofoca la mente y embota los sentidos.”
Es verdad pues, que las palabras no sirven para expresar esto o lo otro con exactitud, y nos limitan en mucho, pero tenemos que tomar en cuenta que la palabra es una abstracción de la realidad. Tomada en este sentido, la obra de arte llega a ser mucho más grande. Por lo tanto, el juego de palabras que hace Tabaré en este caso y que se puede hacer con las palabras ya con toda la abstracción que tienen dentro de sí, dará, especialmente a la poesía, vuelcos inimaginables que constituirán el progreso de esta rama de la literatura por decaer, dicen algunos críticos. Tabaré Arroyo no sólo trabaja un excelente contenido sino que trabaja una extraordinaria forma poética. De este modo, su trabajo Paisaje Oblicuo –melosigábalos en el cuarto sin techo- es y lo digo muy convencida un fabuloso y excelente trabajo. Capaz de hacernos girar, aunque sentados, y de esto se trata el arte. De esto se trata la poesía.
Anel Nochebuena
Puebla, México
25-Abr-02
Tenamaxtli (1999)
Chipahuac (1999)