
Nochebuena cita en el prólogo: “un libro no necesita ser presentado.” Es cierto. Y es la misma obra a través de la palabra impresa quien puede hacerlo desde el interior de nosotros. La poesía no es sólo ver perspectivas bellas o rebuscadas de las cosas. El lenguaje puede hablar tanto de las cosas desaparecidas como de las inexistentes. Paisaje Oblicuo –melosigábalos en el cuarto sin techo- es un libro que no puede ser presentado salvo por sí mismo. El título debe confundir las ideas no argumentarlas, así que sólo hay que dejar volar la imaginación. Paisaje Oblicuo es un lugar inexistente que habita las regiones más íntimas del ser: “Este paraje no se encuentra ni aquí ni allá. Se encuentra en ningún lugar pero en todos a la vez. Si me preguntaran como encuentro ese lugar respondería pleno de seguridad y certeza que a ese lugar sólo lo encuentran aquellos que, sin haber abierto los ojos dejan mirar no sólo lo que las pupilas permiten sino lo que detrás de ellas se oculta.” Así es como inicia la aventura de enfrentar el intelecto a través del juego que el autor propone entre el silencio de sus líneas. Yo personalmente, como lector universal, pienso que también de vez en cuando cierro los ojos y me imagino un mundo hermoso y lleno de fantasía y encanto. Igual que Tabaré, Este día, creo que ese mundo existe. Yo he vivido en él. A todos nos pasa una vez, una vez por lo menos, pensar en un sitio distinto y ajeno que quizá sólo exista más allá del corazón. Una vez, no hace mucho pensé, cuando viajo por carretera miro a lo lejos y aspiro el aire del camino y entonces, puedo saber que cada paisaje que alcanzan a mirar mis ojos es un sitio lejano que no he pisado aún, y lo siento infinito. Inmensamente infinito. Demasiada pequeña en un punto tan grande. Así me sentí de pronto frente a un cubo dibujado por palabras; es otra forma de pensar, de sentir, de dar vida y de disfrutar la propia existencia. Hemingway escribió: “Ningún hombre es equiparable a una isla. Todos somos un pedazo de continente. Una parte de tierra firme.” Igual que en Paisaje Oblicuo, puede ser que nuestra esencia sea un melosigábalo en el cuarto sin techo. Y como dijo Tabaré: “Einstein tenía razón.” La poesía es una Espiral en Acapulco, muerte visual, amaneciendo, algo en nada, insomnio cósmico, sexo, magma, cactus, insolación bucal, sueño líquido, sólo un poema inconcluso o sólo un paisaje que la mente dibuja para saciar las ansias del interior.
Aida Andrade
Puebla, México
25-Abr-02
Los durmientes silenciosos (2001)
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Juguemos a jugar…a hacerle al Teatro (2002)